Alphabet, Anthropic y SpaceX salen a bolsa el mismo mes
Tres de las mayores operaciones financieras de la historia ocurren a la vez, en el mismo sector, sin que nadie pregunte quién pagará la factura.
Hay una situación que resume mejor que cualquier informe lo que está pasando con la inteligencia artificial. En San Francisco, varias inmobiliarias aceptan acciones de Anthropic como forma de pago por un piso. Acciones de una empresa que todavía no cotiza, que aún no ha demostrado beneficios sostenidos y que vale, sobre el papel, casi un billón de dólares. La casa por unos papeles que valen lo que el futuro quiera que valgan. Si esto no te suena raro, sigue leyendo.
Y es que en cuestión de días hemos asistido a algo sin precedentes. Anthropic ha presentado su solicitud confidencial de salida a bolsa con una valoración cercana a los 965.000 millones tras su Serie H. SpaceX prepara la mayor OPV de la historia, 75.000 millones captados y una valoración de 1,77 billones que pondría a Musk camino del primer trillón personal de la historia. Y Alphabet ha colocado 85.000 millones en acciones nuevas, la mayor ampliación de capital jamás registrada, con Warren Buffett poniendo 10.000 millones encima de la mesa. Tres operaciones sin precedentes, el mismo sector, el mismo periodo de tiempo. Cuando tres récords históricos coinciden en el tiempo, eso no es un mercado funcionando. Es un patrón, o al menos a mí me lo parece.
El patrón tiene nombre y lo hemos visto antes. Lo vimos en las puntocom de 2000, cuando cualquier empresa con un dominio terminado en .com salía a bolsa antes de tener un modelo de negocio. Lo vimos con las SPAC de 2021 y con la fiebre cripto del mismo año. La mecánica es siempre la misma. Los fundadores y los fondos que entraron pronto convierten su riesgo privado en liquidez pública justo antes de que los números tengan que cuadrar de verdad. Salir a bolsa no es solo crecer. Es repartir el riesgo entre millones de inversores que llegan tarde a una fiesta que empezó sin ellos. Aunque la verdad, es que tengo mis sentimientos encontrados por querer invertir algo en Anthropic, ya veremos.
Y no es que estas empresas valgan mucho. Es que valen muchísimo sin que sepamos si la IA es rentable todavía en términos generales. Y no lo digo yo. Hay una web cuya única misión es responder en tiempo real a la pregunta de si la inteligencia artificial es rentable ya. Que alguien necesite crear ese contador dice mucho sobre el sector. Mientras tanto, Enrique Dans contaba esta semana que una empresa recibió una factura de quinientos millones de dólares en concepto de tokens de Claude (hay que poner límites y dejar un poco de lado eso del tokenmaxing). Quinientos millones por usar la herramienta. El coste es real, medible y totalmente exagerado. El retorno, en cambio, sigue siendo una promesa.
Como resume Xataka, sabemos exactamente lo que cuesta la IA pero somos incapaces de medir lo que produce. Conocemos el capex disparado, los centros de datos faraónicos, el consumo eléctrico. Lo que no tenemos es la otra columna del balance. Y un negocio donde solo sabes lo que gastas, no lo que ganas, no es un negocio. Es una apuesta. Una muy cara.
Ahora bien, aquí viene el matiz que complica la historia. Buffett no es un especulador de manual, y que ponga 10.000 millones en Alphabet sugiere que algunos sí ven retorno. Quizás la IA sí transforme la economía como prometen. El problema no es si la tecnología funciona, que funciona. El problema es quién asume las pérdidas si la valoración no funciona, que es una pregunta distinta y mucho más política. Porque cuando una empresa privada se infla en manos de fondos y fundadores, el riesgo lo soportan ellos. Cuando sale a bolsa, ese riesgo se democratiza hacia abajo. Hacia los pequeños inversores, hacia los fondos de pensiones, hacia el ahorro de gente que nunca eligió apostar por la IA.
Por eso la propuesta de Bernie Sanders de que la IA pertenece al pueblo y no a los multimillonarios deja de ser un eslogan y se convierte en una pregunta legítima. Si los ciudadanos van a soportar el riesgo cuando esto se desinfle (como pasó con los bancos en la crisis del 2008), ¿por qué no participan de la propiedad cuando funciona? La socialización de las pérdidas y la privatización de los beneficios es el guion clásico de toda burbuja capitalista. Lo vimos en 2008 y la diferencia es que ahora el activo no es una hipoteca, sino una promesa de inteligencia (artificial).
El caso es que nadie en Wall Street se está haciendo esta pregunta en voz alta. Todos celebran el récord. Y mientras los fundadores cobran en bolsa y las inmobiliarias de San Francisco aceptan acciones por pisos, conviene recordar que en toda burbuja siempre hay alguien que vende justo antes y alguien que compra justo después. La pregunta no es si la música va a parar. Es quién se quedará de pie sin silla cuando lo haga. Y esa, sospecho, no será la gente que firmó los papeles.


